
NIIF 18: más transparencia y comparabilidad para el inversor
20 de octubre de 2026 Por Ricardo Jimenez
Comparar los resultados de las empresas en las que se podría invertir parece un ejercicio obvio. En la práctica, sin embargo, puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza, dada la flexibilidad –y la creatividad– que las compañías aplican a su contabilidad.
Según un informe de 2024 del Consejo de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB), las empresas presentaban el «resultado operativo» en sus estados financieros utilizando nueve métodos de cálculo diferentes.
Los inversores lo tendrán algo más fácil en adelante. El 1 de enero de 2027 entra en vigor la NIIF 18 Presentación e información a revelar en los estados financieros, aunque los estados financieros de 2026, que se publicarán a principios de 2027, seguirán elaborándose conforme al marco actual.
La norma dará lugar a un estado de resultados más estructurado. Introduce tres nuevas categorías para clasificar los ingresos y gastos (explotación, inversión y financiación) y exige presentar dos nuevos subtotales definidos: el resultado de explotación y el resultado antes de financiación e impuestos sobre las ganancias.
El beneficio neto de las compañías no cambiará. Lo que cambiará es el lugar en que aparecen los ingresos y gastos, en función de su categoría. Por ejemplo, la participación en el resultado de asociadas y negocios conjuntos contabilizados por el método de la participación (entidades sobre las que la empresa ejerce influencia significativa –normalmente, una participación del 20–50 %– o control conjunto, pero no control) se presentará en la categoría de inversión. Muchas empresas incluyen actualmente estos resultados dentro del resultado de explotación, lo que infla el tan citado EBITDA y, de forma indirecta, la valoración teórica de la compañía.
En la cuenta de resultados, la norma también modifica el tratamiento de las diferencias de cambio y los derivados, que hasta ahora se registraban íntegramente dentro de los ingresos y costes financieros. En adelante, deberán clasificarse según la naturaleza de la transacción o del activo del que procedan (por ejemplo, una diferencia de cambio sobre una cuenta a cobrar comercial será de explotación, mientras que una diferencia de cambio sobre el efectivo se presentará en la categoría de inversión). Esto exigirá cambios en los sistemas informáticos que sustentan la contabilidad de las empresas.
La NIIF 18 traerá consigo otros cambios en la presentación y la información a revelar de los estados financieros. Por ejemplo, modifica la NIC 7 Estado de flujos de efectivo en lo relativo al cálculo del flujo de efectivo operativo. En la actualidad, las empresas que utilizan el método indirecto parten del resultado antes de impuestos o del beneficio neto y realizan una serie de ajustes. A partir de ahora, el punto de partida será el resultado de explotación, lo que hace la conciliación mucho más intuitiva y sencilla.
Un cambio significativo afecta a la clasificación de los intereses en el estado de flujos de efectivo. Con la NIIF 18, en una empresa industrial o de servicios convencional, los intereses pagados se clasificarán dentro de los flujos de financiación y no de los de explotación (las normas actuales permiten presentarlos en uno u otro), lo que los excluirá de estos últimos y ofrecerá una visión más clara del efectivo que realmente genera el negocio. Esto facilitará sustancialmente el análisis de la conversión del resultado operativo en caja y, con ello, una mejor comprensión de la salud subyacente del negocio. La cuenta de resultados y el flujo de efectivo operativo compartirán una estructura más similar y serán más fácilmente comparables.
La NIIF 18 introduce además el concepto de medidas de rendimiento definidas por la dirección (MPM, por sus siglas en inglés): subtotales de ingresos y gastos que la empresa utiliza para medir el rendimiento de su negocio. La norma permite presentar estas MPM en los propios estados financieros, lo que facilitará una mayor integración entre la información de gestión interna y las cuentas estatutarias.
Cuando una empresa utilice MPM en sus comunicaciones públicas, deberá revelar su definición en una nota a los estados financieros, explicar por qué proporcionan información útil, incluir una conciliación con el subtotal más directamente comparable especificado por las NIIF y señalar los efectos fiscales y sobre las participaciones no dominantes relacionados, cuando proceda. Medidas de este tipo –EBITDA ajustado, EBIT ajustado, beneficio subyacente o recurrente y similares– ya figuran en los informes de gestión y en las presentaciones a inversores de las compañías. Cabe señalar que el EBITDA simple, definido como el resultado de explotación antes de depreciaciones, amortizaciones y deterioros comprendidos en el ámbito de la NIC 36, no es una MPM: la NIIF 18 lo excluye expresamente, junto con otros subtotales que la propia norma considera de uso común y bien comprendidos. Sin embargo, en cuanto se añaden ajustes, la medida pasa a estar sujeta al régimen de las MPM.
La nueva norma exige que las MPM se incluyan en los estados financieros y, por tanto, queden dentro del alcance de la auditoría. Esto obligará a las empresas a contar con definiciones formales y mejor documentadas, coherentes en todas las entidades y jurisdicciones del grupo, una metodología de cálculo estandarizada y documentada, así como procesos formales para modificarlas cuando sea necesario. Todo ello deberá justificarse ante el auditor externo y ante la comisión de auditoría del consejo.
Como cualquier otro conjunto de normas, las normas contables están abiertas a interpretación, por lo que inevitablemente surgirán cuestiones interpretativas que darán lugar a situaciones en las que la información no sea plenamente comparable entre compañías. Analistas e inversores tendrán, por tanto, que examinar con detalle cómo aplica cada empresa la norma en la práctica para identificar posibles diferencias de criterio.
En cualquier caso, esperemos que la nueva norma cumpla sus objetivos. Lo ideal sería que proporcione a los inversores información más transparente y comparable sobre el rendimiento financiero de las empresas, lo que, a su vez, debería ayudarles a tomar mejores decisiones de inversión.


