
Doble materialidad: la relación simbiótica entre la empresa y su entorno
23 de febrero de 2026 Por Paloma Bartual
El cine siempre ha sido un buen tema de conversación. Antes de empezar, tenemos un pequeño reto cinematográfico: ¿Con la B, qué película de Disney nos enseña las profundidades del mar?

Seguramente haya muchas, pero si, por pura casualidad, la imagen les ha hecho pensar en Buscando a Nemo, han acertado. Nemo, además de ser un pez perdido con muy buenos amigos, es un pez payaso. En la naturaleza, los peces payaso establecen relaciones de mutualismo con las anémonas. El mutualismo es una relación simbiótica entre dos especies en las que ambas generan un beneficio en la otra. En este caso, los peces payasos obtienen protección de las anémonas y estos a cambio las limpian y las oxigenan.
La interdependencia de la naturaleza también se ve en la sociedad. Las empresas dependen de sus grupos de interés para funcionar. Los grupos de interés son aquellos individuos o colectivos que se ven afectados por las decisiones de una organización y que a su vez tienen unas expectativas sobre su funcionamiento o resultados. Así, por ejemplo, las empresas necesitan inversores para disponer de financiación, empleados para desarrollar sus productos y servicios o clientes que estén dispuestos a adquirir estos productos o servicios. Simultáneamente, los inversores esperan un retorno de su inversión, los empleados una remuneración justa y los clientes adquirir un producto o servicio que cubra sus necesidades.
Dada esta relación de necesidad mutua, las empresas tienen la obligación de rendir cuentas antes sus grupos de interés, es decir, de informar y justificar sus acciones, resultados y decisiones. Uno de los principales canales de rendición de cuentas es la elaboración de estados de información financiera y de sostenibilidad.
Los estados financieros son informes que presentan la situación económica y los resultados de una empresa en un periodo determinado. Históricamente, la información que se prepara en dichos informes y su verificación por parte de un tercero se estructura en torno al concepto de materialidad. La materialidad o importancia relativa determina si cierta información debe ser incluida con precisión en los estados financieros en base a la relevancia que tiene para los usuarios a la hora de tomar decisiones económicas.
El pacto verde europeo se consolidó con el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2050. Dicho objetivo requiere de la movilización tanto de financiación pública como privada. A través del paquete de financiación sostenible de la Unión Europea quedan ligadas un conjunto de políticas y regulaciones que buscan canalizar dichas inversiones hacia actividades económicas sostenibles. Entre los distintos elementos que conforman este marco regulatorio destacan la Taxonomía Europea, que clasifica las actividades empresariales según su impacto sobre los objetivos ambientales; la Regulación de divulgación financiera (SFDR) que obliga a gestores e inversores a comunicar la sostenibilidad de sus productos; así como la Directiva de Reporte de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) y la Directiva de debida diligencia en materia de sostenibilidad (CSDDD), que exigen a las empresas informar sobre sus aspectos de sostenibilidad a lo largo de la cadena de valor.
La CSRD sustituye a la antigua Directiva de reporte de información no financiera (NFDR) cuya transposición al sistema jurídico español dio lugar a la Ley 11/2018 de Información no financiera y diversidad. En dicha Directiva se introduce la doble materialidad como ejercicio previo para discernir que información de sostenibilidad es clave reportar e influye de manera significativa en la toma de decisiones tanto interna como externa.
La doble materialidad es un enfoque que permite a las empresas identificar y reportar sobre los asuntos de sostenibilidad relevantes no solo desde la perspectiva clásica de cómo el entorno afecta a la posición financiera de la empresa, sino también considerando los impactos que su actividad genera sobre el medio ambiente, las personas y, en última instancia, la sociedad. Este enfoque bidireccional implica la integración de dos materialidades:
- La materialidad financiera, que se centra en identificar riesgos y oportunidades que puedan influir en la creación de valor, los ingresos, los costos y la reputación. Esta información es clave para entender el beneficio para los inversores y accionistas.
- La materialidad de impacto, en la que se identifica y evalúa cómo las operaciones, productos o servicios repercuten en la economía, el medioambiente y las personas. Esta información es relevante para comprender el beneficio para todos los grupos de interés.
Bajo este marco, un asunto se considera material si lo es desde una u otra perspectiva, o ambas. De esta forma, las empresas pueden estructurar sus informes de sostenibilidad centrando sus esfuerzos de gestión interna y del dato en aquella información que realmente influye o afecta a las partes interesadas.

Más allá del cumplimiento normativo y la rendición de cuentas, la doble materialidad también puede emplearse como una herramienta de gestión interna para la generación de valor a largo plazo. La implementación de procesos internos para la identificación de impactos, riesgos y oportunidades, así como la incorporación de metodologías estandarizadas para la cuantificación y gestión de los impactos puede suponer varios beneficios para la empresa:
- Incorporar en su contabilidad y su estrategia corporativa aspectos de sostenibilidad como la circularidad o los salarios justos.
- Anticiparse, prevenir y mitigar riesgos operativos, regulatorios y reputacionales.
- Optimizar los procesos y operaciones internos, minimizando costes.
- Identificar nuevas oportunidades de negocio o de desarrollo de productos y servicios.
- Profundizar en las relaciones que se crean a nivel de cadenas de valor y/o sectores, creando sinergias y alianzas.
En conclusión, la doble materialidad puede convertirse en un pilar estratégico para la toma de mejores decisiones.
Volviendo a Nemo, es importante decir que no todas las relaciones simbióticas de la naturaleza son mutualismos. En la naturaleza, también se da el comensalismo, una relación donde un organismo se beneficia de otro sin que haya reciprocidad, o incluso el parasitismo, una dinámica en la que una especia se beneficia a costa de debilitar o dañar a la otra. Nuestra sociedad y economía se sustenta en la naturaleza y las personas. La identificación y gestión de los impactos que provocan las organizaciones supone una gran oportunidad de generar valor a largo plazo, facilitando una relación con el entorno que no agote los recursos de los que dependemos y contribuya al beneficio de todos.


